Gustavo Mota es un periodista que convoca al desengaño y que logra generar la respuesta convulsa frente al desconcierto. Instantáneas donde la prudencia no asoma, porque en lo fugaz se cifra lo posible, su método es la sinceridad que produce un quiebre en el entrevistado, al que atraviesa y desubica con sus preguntas insólita.
Una mirada narrativa, poderosa y cautivadora, de tecnica y estilo incnfundible, con las que confirma que: preguntar es decidir y contar es alterar. Un autor que atrapa y seduce; irrumpe, trastoca y opina a través de una calidad literaria impecable, cuya subjetividad es elemento inevitable para la construcción de la verdad. Así, el lector de esta obra, termina por acercarse al alma del entrevistador, que se muestra, en lo más elemental, como un espiritu cuya inteligencia le otorga la gran habilidad de escuchar. Desfilan en esta obra un Monsiváis cabreado, un Iñárritu irónico, una Isabela Allende defensiva, un Gael García Bernal insoportable, una Leticia Ortiz súbdita, un Joaquín Sabina reflexivo, un Saramago sorprendido, un Galeano herido, un Almodóvar desaforado y un Vargas Llosa feroz, entre muchos otros.